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  • ana36492

Capítulo 1: Reflexiones de una caminante espectral

Actualizado: 10 jul

Por Ana Belver



BMUDAR LA PIEL


Quién no se ha sentido alguna vez, solo...triste... roto... en el fondo del  lodo sin ver la salida y sin saber, ¿por qué llora?¿por qué llora por todo y por nada?

 Y no sabe de donde vienen las lagrimas ni como surgieron...y sobre todo, se pregunta uno… ¿y esta tristeza cuándo se irá? ¿de dónde vino todo esto?


Ayer me pasó todo esto y menuda resaca tengo hoy... del revolcón que me pegó la vida, sin anunciar  el drama, así de sopetón, sin prepararme apenas, ni siquiera sospechar que tendría que abandonar mis planes de  la verbena la víspera de San Juan.

Cómo  iba yo a  saber que tendría que mudar mi piel,  y romperme a pedazos, estallar desde dentro como si una piedra volcánica quemara por dentro o como aquel que se quema por el sol y le cae la piel a tiras. Sin un momento de tregua en todo el día…


Por fortuna conozco esta situación, me es familiar, aunque no la experimentaba desde hacía tiempo... Que desagradable y molesta me parece, y estaréis de acuerdo conmigo, no?

Por otro lado tan necesaria, pues es la famosa sombra, la parte oscura del subconsciente que tenemos relegada a no salir...o  a que salga lo menos posible.

Por favor qué incomodidad, qué paralizante y qué angustia!!!


Qué hacer ante la situación.


¿Que hago yo?


 Anular todos los planes con otras personas para empezar.

Tener paciencia con nosotros porque se avecinan momentos duros.

Transitar el proceso con amor y delicadeza.

Reconocer y aceptar que tenemos que atendernos e intentar saber que detonó esto para trabajarlo.

 Y esto es exactamente lo que vamos a hacer.

Invitamos a cenar con nosotros a la tristeza o a la sombra, ya que nos ha privado de quedar con nadie más y le abrimos una cerveza si es pertinente...y le preguntamos ¿que quiere decirnos ?

¿A qué ha venido? ¿ qué tenemos que poner al día?


Dialogamos con ella y pactamos, que cuando la hayamos atendido como se merece y sentido con todas nuestras capacidades, se va a marchar. 


Si es necesario le escribimos, le lloramos o le bailamos, pero se tiene que marchar después.

No le vamos a dar de comer más que lo justo y necesario, pues nuestra mente afligida se va querer quedar de invitada, así que gentilmente la invitamos a marchar y que para el día siguiente ya no esté paralizándonos, y que tan sólo quede, la resaca de un gran encuentro. 


Hasta la siguiente regeneración, hasta la siguiente pantalla o hasta el siguiente nivel.


-Ana Belver

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